sábado, agosto 15, 2009

A pesar...

Te quiero a pesar de tus desenfrenados instintos de destrucción que dejan de mi ruinas.

Te quiero a pesar de tus arraigadas tragedias que sólo me dejan dramas.

Te quiero a pesar de los disfraces de maldad que cubren tu rostro y me dejan amargura.

Te quiero a pesar de tus reflejos de humillación que sólo me dejan lágrimas.

Te quiero a pesar de la crueldad de las palabras que evocan tus labios y que me dejan vacía.

Te quiero a pesar de que mi belleza te parezca nula y que me deja fealdad en el reflejo.

Te quiero a pesar... de que me pese.

miércoles, agosto 05, 2009

La Balsa - de Stephen King

Un cuento de terror, del prolífico escritor estadounidense Stephen King, el cual, como es costumbre, ahonda en temas que van más allá del simple horror, sumergiéndonos con sus relatos en reflexiones metafísicas, en este caso la muerte y cómo cada uno de nosotros la enfrentamos de una manera distinta.

Esta historia es narrada magistralmente por el escritor argentino Alberto Laiseca, quien dentro de su haber literario, se caracteriza por la habilidad para exudar, de una manera amena, trozos de literatura a través de la tradición oral.

lunes, julio 13, 2009


Símil de Amor y Rosas

En realidad es un lugar común. Dicen que el amor es como el cuidado de una rosa (realmente puede ser cualquier flor, pero normalmente se utiliza ésta por ser un símbolo de feminidad y belleza). Para que el amor funcione debes transformarte en jardinero, día a día abonarla con puñados de comprensión, regarla con lágrimas de felicidad, platicarle con los labios del corazón (ja, ja, ¿tiene labios el corazón? eso sí, debemos tener cuidado de sus espinas; uno nunca sabe) y no sé cuántas cursilerías más.

Alguna vez fui ese jardinero ingenuo que cultivó torpemente una rosa. Surgió un problema. El desempleo. Un homólogo me sustituyó y cortó aquella flor que era para mí. En fin, de la rosa, sólo me quedó el nombre.

sábado, mayo 23, 2009

Decisión

Se irguió. El respaldo de la silla dejó escapar un débil quejido; arrastrando los pies avanzó por aquel triste pasillo sin dirección aparente. Introdujo las manos en las bolsas del pantalón; los ojos, posados en la nada, su mente, presa del tiempo perecido. Él era el único ahí. Nadie podía molestarlo y eso era precisamente lo que le agobiaba.

Su andar continuó hasta que vio aparecer del lado izquierdo una vieja puerta de color azul. Giró el pomo y se internó en un mundo de cargado fulgor; todo ahí era blanco y de olor cítrico. Se acercó al mingitorio; con sus dedos pulgar e índice tiró de la bragueta hacia abajo y orinó. Después repitió la acción anterior en sentido inverso. Ya en el lavabo, un torrente de agua y jabón aclararon sus manos, hasta ese momento cubiertas de tinta.

Sobre la pared colgaban, uno al lado del otro; el dispensador de papel reciclado y la secadora de manos. Fue una idea, un destello; algo así como un boleto, lo que le trajo de vuelta a la realidad. Sus manos, aún mojadas, escurrían lentamente; y él, ahí, frente a los dos objetos, no sabía qué hacer. En su cabeza se albergó una duda ¿con qué me seco las manos? Estaban aquellos dos aparatos tan juntos que no podía pensar en uno sin dejar de considerar al otro; sería algo mágico, no sé, pero de pronto creyó que éstos le hablaban.

La secadora, con voz silbante le decía -Conmigo economizas papel y cuidas los árboles, no cabe dudas, soy la mejor opción-.

Interrumpiendo con voz áspera, el dispensador declaró –Ja, ja, y qué, yo soy más rápido, no contamino el ambiente y ahorro luz; créeme, lo verás reflejado en tu recibo-.

-No le hagas caso, él siempre está anteponiendo lo económico, el dinero va y viene, en cambio la Ecología no; por si fuera poco, claro que contamina; o qué, no has visto el basurero municipal; ¡lleno de papel! Si me eliges; además, no tendrás que preocuparte por el asqueroso tufo a humedad en el bote de basura- explicó seductoramente la secadora.

-Tú en verdad que estás equivocada- contestó alterado el dispensador- yo soy biodegradable, en cambio tus gases, contribuyen al calentamiento global; en poco tiempo y, gracias a ti, de esa Ecología que tanto pregonas, no quedará nada-.

Una batalla se cernió sobre él; las palabras de aquellos seres fornicaban y reñían unas con otras formando pensamientos ininteligibles para el joven.

-¡Basta!- exclamó su inconsciente; las voces enmudecieron. Dio la espalda a los objetos, regresó al pasillo y, mientras se alejaba, siluetas húmedas colonizaban el pantalón.


jueves, abril 02, 2009

Muerte

Estaba sentada en su sofá recordando, de pronto tocan la puerta, el momento más esperado de su vida. Pensó que por fin él la había extrañado, era por eso que él estaba ahí buscándola.
De inmediato se levantó, abrió la puerta con la más dulce sonrisa jamás vista y con un resplandor genuino en sus ojos, no era él, era ella y antes de que dijera algo, pasó y se sentó en su sofá, mientras ella la veía inmóvil.
-Si, soy la muerte, no me veas como si no me conocieras.
-Oye, pero ¿qué te pasa? no puedes venir así a mi casa de la nada y llevarme, te equivocaste, acéptalo al menos esta vez.
-No, y vale más que ya estés lista, porque traigo el tiempo medido, tengo otros condenados que me esperan.
Ja! bueno no me esperan, pero ya se tienen que ir.
Ella aterrada, aceptó, pensó que ya no tenía caso discutir si ya se había decidido.
La mañana siguiente ella despertó, abrió los ojos y regaló al mundo un suspiro, el cual interrumpió para decir: “si yo morí, ¿qué hago aquí?”.
Entonces entendió, la noche anterior murió con el recuerdo del hombre al que amaba y renació para empezar de nuevo.

domingo, febrero 22, 2009


De: Mí
Para: Filia


Hoy fui dispuesto a sacarte de ahí; perdóname, no pude, había mucha vigilancia, no supe qué hacer. Los sentimientos me abrumaron, desesperación, coraje, miedo; impotencia, por eso me fui y te abandoné otra vez… No entiendo por qué estás ahí, tú no tuviste la culpa; tú eres la víctima, ¿por qué te alejaron de mí? En realidad aún no comprendo.

Sabes por qué te escribo, verdad, bueno, no creo que entiendas, tu condición actual no te permite pensar; pero esta carta es para decirte que te necesito, aunque nunca más podremos estar juntos. Escribo estas líneas, sintiéndome más que imbécil. No soy yo, sino la terquedad la que impulsa a mi pluma sobre el papel; porque si somos honestos, esto, no tiene sentido; cuando estabas a mi lado nunca me escuchaste, no comprendo qué me hace pensar que ahora lo harás; estúpido, por qué he de ser tan obstinado. Antes de conocerte, mejor dicho de verte, ya que nunca platicamos del todo, mi vida, era como un declive vertiginoso hacia la oscuridad, un alud inminente que se burla en tu cara y cae sobre tu cuerpo, pero al cual, con el tiempo, te logras acostumbrar. Hoy sin ti, todo es peor.

Había conocido muchas mujeres parecidas a ti, pero no me atrevía a entablar relación con ninguna de ellas. ¿Por qué? Por vergüenza a ser como soy… fue eso y más, o no sé... hay muchas cosas que no comprendo; pero qué importancia tiene el decirlo ahora que todo acabó. Tú, verdad que tú, y sólo tú, llegaste a entenderme. Además, lo tengo que admitir; me embrujaste, aquella piel inigualablemente blanca, tus labios, esos ojos verdes que miraban, sin mirarme.

¿Recuerdas aquellas horas que pasamos juntos? Para mí, fueron inolvidables. Esa noche llegaste a donde laboraba acompañada por dos hombres que trabajaban conmigo; estabas absorta, pálida, abatida, como en una especie de trance pagano. Pregunté ¿qué había ocurrido? El más alto respondió; porque tú no podías hablar. Después sin darme cuenta, se marcharon dejándonos a solas. Me acerqué a ti, te miré y acaricié tu mejilla, fue un segundo, un impulso del cual me arrepentí al instante. Pero logré controlarme, y al ver que no te quejabas, una oleada de confianza acarició mi miembro y lo vigorizó. Mis dedos danzaron torpemente sobre el contorno de tus labios, bajaron por tu cuello sin ningún miramiento internándose en tu escote, como el correr de un erizo asustado a su madriguera. Temeroso como estoy ahora de saberte convertida en cenizas de mi deseo.

Discúlpame, era neófito en lo que a sexo se refiere, pero esa noche contigo me liberé, aprendí todo lo que ahora sé y te lo agradezco. Te penetré por horas hasta venirme seis veces, al final simplemente me vestí e huí. La terapia sexual funcionó a la perfección para mí. Pude descargarme y ser lo que ahora soy; tú, te quedaste ahí sin moverte, con tu piel blanca como la nieve, y esa mirada fría y perdida que te caracterizaba. Era de esperarse, aquella noche me convertí en necrófilo; tú, en cambio, nada podías hacer... ya estabas muerta.

jueves, octubre 02, 2008

Aquel lugar

Andar. Paso tras paso. El latir de un deseo que se zambulle en una madeja de ideas discordantes, arrastrándome hacia un sitio apartado de las pléyades del norte. No reniego mi origen, es sólo que mis raíces han roto la maceta y se expanden en busca de tierras abonadas de ideas. Siempre he vivido aquí, conozco las calles, sus parques (los pocos que hay), la gente y sus tradiciones (casi todas gastronómicas). Qué irónico, hoy, aquí, me encuentro perdido, en una atmósfera ajena e inocua. La realidad, es que cada vez que desorbito mis ojos, mayor cantidad de cosas son las que mi vista no alcanza a descifrar. Busco conocer sobre algo y por ello desconozco de otras miles de cosas. Saciar el conocimiento: una lucha que de antemano está perdida; no importa, igual quiero erigirme como uno más de los derrotados.

Mientras tanto, siento que floto en un Maelstrom que vapulea mi ser, de un lado a otro, hasta dejarme sumido en un lugar que ahora es hostil y chocante al paladar. Purgo el malestar escribiendo líneas de tinta digital, líneas que lejos de tranquilizar, alimentan la desesperanza. Quisiera estar en aquel lugar que encastró en mi cabeza el pensamiento y esplendor gaudiano (la originalidad es regresar a los orígenes). También puede ser que en ese otro sitio en donde nació un amor, (dice Kundera, que no existe mayor virtud en el amor, que la de hacernos olvidar el pasado, apartarnos del futuro y situarnos en el presente; presente que nos devela que nada importa, porque en él no hay tiempo para pensar; sólo se descubre lo que es) ah… maldito amor, ah… maldito presente; visión ineludible. Puede ser que simplemente quiera estar en aquel lugar o en aquel otro paraje… pero fuera… lejos de aquí.